Las cañas se alzaban ante el amenazadoras, una fina niebla las envolvía y les daba un aspecto imponente. Atrás los oficiales, sabia que lo vigilaban. Se sumergió en aquel mundo húmedo, su mano se movía y golpeaba sobre la caña a ras de tierra, su mano se movía, se alzaba y volvía a caer, mientras su cuerpo se doblaba, su mente se elevaba, se iba. Sus pensamientos ajenos a su cuerpo flotaban sobre el espacio. El no hacia otra cosa que pensar. Sus movimientos se fueron haciendo monótonos, su cuerpo se movía sin parar, era un robot, un automatismo, un cuerpo insertado en una plantación, mientras lejos muy lejos sus pensamientos buscaban su propio espacio, su propio mundo.